Licor de castañas casero

Gran licor de castañas – El lujoso sabor natural

Aguardiente de Galicia, unas brasas, un poco de paciencia y listo. Mi licor de castañas casero desafía el tiempo para disfrutar todo el año.

La sierra y sus sabores

Una de mis pasiones de otoño son las castañas y todos los frutos y frutas propios de esta temporada. Vivo en la Sierra de Aracena, entre castaños, encinas, alcornoques y muchas pequeñas huertas. Es fácil perderse en un éxtasis de sabores que se van renovando cada año, cada ciclo, de estación en estación. Hay carnes, vinos (que por aquí llamamos mostos), quesos y lo mejor que las manos de los hortelanos saben cosechar.

La primavera trae flores y mieles, las primeras chacinas de las matanzas caseras ya se pueden probar. Los dulces de Semana Santa son todo un placer para disfrutar con el gusto y la memoria. Pestiños, piñonates, roscos, virutas y florecillas, despiertan con sus olores mis recuerdos más antiguos envueltos en nostalgia familiar e infantil.

En verano ya están las tierras sembradas y al calor del Sol empiezan a surgir con fuerza los tallos y brotes verdes. Junio es tiempo para recolectar orégano que aromatiza la alacena y mis recetas durante todo el año. Las sandías, los melones y las primeras verduras ya están ahí y las cestas comienzan sus viajes hasta las cocinas cargadas de los sabores más naturales y espléndidos que se pueden probar. A mediados de agosto llegan los tomates rosados, carnosos y exuberantes. Todo un placer de cinco tenedores con su pizca de sal y un chorrito de AOVE.

El otoño serrano es gourmet y sibarita. Quince días después de las primeras lluvias empiezan a aparecer las primeras setas, las tanas y tentullos que tanta fama dan a nuestros montes. Es hora de embotellar pimientos, más tomates y guardar las cosechas para que duren meses. La reina serrana del mes de octubre es la castaña. El colorido espectáculo en los campos con sus tonos ocres, rojizos y los últimos verdes está garantizado a los ojos de todo el que se quiera acercar a mirar. La montanera con sus bellotas deja su marca inigualable en las piaras de los cerdos ibéricos que recorren las dehesas.

En invierno Natura descansa. Es momento de recoger las últimas cosechas antes de que lleguen los fríos y las heladas. Las aceitunas para las almazaras, los mostos calentarán las gargantas durante unos meses y la caza traerá sus piezas y carnes fuertes. Es época de matanzas, de cuidar y limpiar las parcelas guardando la leña que se quemará en las chimeneas hasta bien entrada la siguiente primavera. Las lluvias marcan un cambio de escenarios y las labores de exterior se trocan por tareas más resguardadas de la intemperie.

Macerando el trabajo

Los licores y aguardientes artesanos siempre me han sorprendido. Para mi suerte, disfruto mucho más preparando las recetas y probando los resultados que apurando la producción. Una copita de tarde en tarde frente a la chimenea no tiene precio. Suelo regalar a mis amigos casi todo.

La llegada de la castaña es todo un acontecimiento social y económico cada año por aquí. Su sabor abre las puertas del invierno y anuncia navidades, tradiciones y todo un libro de recetas de temporadas. Conservarla para disfrutar de su gastronomía durante todo el año es una sabia tarea que se realiza de mil maneras distintas.

Harinas, mermeladas, confituras, congelación… cada casa tiene sus trucos. A mí me gusta preservar el sabor. Para eso el poder de los alcoholes es único. La maceración y la destilación son técnicas maestras llenas de recetas y apasionados cuidados. Mucho más fácil la primera que la segunda, me quedo en el día a día con el arte de macerar para atrapar las esencias, los azúcares y todo el sabor que me gusta poder guardar para disfrutarlo en invierno.

Licor de castañas casero – Fotografía de ©Jorge Garrido
Licor de castañas casero – Fotografía de ©Jorge Garrido

Licor de castañas asadas

Durante el verano, viajando por Galicia, conseguí unos litros de un aguardiente seco de orujo con una graduación por encima de los 50º. Reconozco que eso es demasiado para mí. Así que lo guardé a la espera segura de noviembre y sus tesoros.

Las castañas asadas en las brasas del fuego son un manjar de mi tierra. No solo su sabor me gusta, también disfruto con la unión de todos alrededor de la mesa pelando el fruto tostado mientras se acompaña de los primeros mostos. A los niños les encanta ver la transformación que el fuego va produciendo, la facilidad con que se pelan tras pasar por las llamas y su sabor que apenas recuerdan del año anterior. Son momentos muy entrañables.

En esta tarea, siempre hay una tarde en la que pongo un poco más de leña en el cajón, más castañas, y más tiempo para la tarea. Al final consigo un par de kilos de riquísimo aspecto dorado y olor embriagador. Escojo unas cuantas, las más hermosas para decorar el resultado final, las demás las troceo en pequeño pedazos y todas juntas, las cubro en un tarro de cristal con el aguardiente. Es momento de dejar al tiempo hacer su trabajo. Cada dos o tres días remuevo la mezcla y un mes después la natural tarea está concluida. Intenso en color, aroma y sabor, el alcohol ha sabido atrapar toda la esencia como si de un perfume se tratase.

Llegado ese momento, cuelo y filtro hasta la última gota. El resultado lo rebajo al 50 % con jarabe (agua y azúcar hervidos en proporción 1:1), lleno mis botellas pequeñas añadiendo las castañas enteras para decorar y un palo de canela en rama para redondear el resultado*.

Licor de castañas casero – Fotografía de ©Jorge Garrido
Licor de castañas casero – Fotografía de ©Jorge Garrido

Disfrutando

Es un placer, cada vez que la memoria me lo recuerda, disfrutar de una pequeña copita natural o con hielo, tras la cena, sentado frente a la chimenea.

Con cierta frecuencia, suelo compartir la mesa con mis amigos aquí en casa. Metido en mi papel de buen anfitrión, llegado el momento de los postres, tras los quesos, saco mis tesoros y unas vasitos para extender la sobremesa y disfrutar de la conversación.

Estos placeres, como tantos otros, no están a la venta. A este nivel de calidad jamás lo he encontrado. El sabor casero no es fácil de imitar por la industria.

Por supuestos tengo muchos más. Este año, sin ir más lejos, me he sorprendido con el resultado de una cesta de membrillos que me regalaron. Esta experiencia la contaré otro día y también el secreto del final de todas las castañas que utilicé para el licor. Un delicioso y dulce final.

¡Salud!

Nota: Desde Windroseblog agradecemos a Jorge Garrido de ©Sierra.photo.blog, las fotografías de este artículo.

*Este blog nunca ha pretendido ser un sitio de recetas. Creo que con los apuntes que se dan es posible ponerse manos a la obra. En cualquier caso, puedes dejar tus dudas y preguntas en los comentarios. Prometo responder.

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